—Creí que llegarías más tarde —dice la señora, dirigiéndose a su marido con una sonrisa cansada.
—Eso pensaba —responde él—, pero encontré a estos jóvenes que buscaban un lugar donde quedarse.
La señora nos vuelve a mirar, y se nota que está cansada. Repentinamente, la habitación se queda en completo silencio, como si la señora espera que su marido siga hablando. Y la risa que el señor suelta me confirma que hay algo más detrás de su expresión. Él se para a lado de su esposa y le toma de las manos.
—Vienen solos, mujer —dice con una sonrisa—, son pareja.
La señora nos mira con una mezcla de curiosidad...