Corriendo
—Estoy bien, y tienes razón… comeré más tarde. Solo necesito un poco de tiempo en silencio para pensar. —Lo disimulo con tranquilidad, pero por dentro tantas emociones en guerra me golpean, desgarrando mi corazón ante la realización de que tengo la oportunidad de tener una verdadera familia de manada con estas personas, y estoy dejándolas atrás. Es difícil de tragar, las palabras se me quedan pegadas en la garganta, y mi rostro duele por el esfuerzo de mantener mi expresión neutral.
—¿Vas a venir a la sala de estar después de las tareas? —César me sorprende con esto, y parpadeo ante él, completamente desconcertada. El pánico comienza a instalarse...