Rechazo
No digo nada, solo me quedo inmóvil, lágrimas silenciosas escapan de mis ojos cerrados mientras empiezan a deslizarse por mi rostro. Cálidas, amargas, punzantes, riachuelos de desesperación. Él puede sentirme y oír mis pensamientos, así que sabe que mi aceptación está en mi silencio. Mi dolor es suyo, mi agonía desgarradora al saber que esto terminó antes de comenzar está ahí, entre nosotros. Él sabe lo que debe hacer. Su respiración se vuelve más pesada, trabajosa, mientras lucha por componerse y empujar las últimas palabras en una voz que apenas reconozco; baja y tensa. Quebrada y ronca. Aclara su garganta y traga con fuerza otra vez, como si intentara...