Eres mío
Inhalo un profundo suspiro casi feroz mientras la realidad vuelve a golpearme, sacudiendo mi cerebro, y me despierto de golpe, de vuelta donde comencé, en la enfermería, aferrándome a la pierna de Mateo como si fuera la última balsa de salvación, y tan desorientada mientras mi visión vuelve a la normalidad. Apenas puedo respirar por un momento y tengo que arrastrar aire a mis pulmones mientras me recompongo y sacudo la cabeza para despejar mi visión borrosa.
—¿Qué demonios? —Es una respuesta automática, dicha con tono ácido, mientras trato de recuperar el aliento, y el brazo de Mateo alrededor de mi cintura se afloja mientras me suelta un...