— ¿Tu consulta es mañana, no?
Mariana asintió dubitativa y ella frunció el ceño al verla, algo raro le sucedía a su amiga.
—Yo te acompaño...
— ¡No! —Gimió ella con los ojos cargados de miedo—. Yo iré sola, no voy a molestarte más.
Carol entornó los ojos esbozando una sonrisa.
—No me molestas además aún no consigo trabajo, ¿Qué voy a hacer aquí aburrida? Y te recuerdo que estás enyesada en los dos brazos ¡Casi estás moribunda! —Dramatizó con diversión—, estoy aquí para cuidar de ti, para eso estamos las amigas.
Mariana cerró los ojos suspirando y una vez más Carolina frunció el ceño sin entender su reacción pero...