Carol esperó a su hermana en la caravana, sabía que Mia practicaba demasiado su rutina debido a que era demasiado perfeccionista pero nunca se había tardado tanto como ese día.
—No puedo creerlo —dijo Mia entrando de golpe con cara de espanto.
Estaba tan blanca como si hubiera visto un fantasma sumándole que su pelo estaba desordenado.
Estuvo a punto de reírse si no fuera porque sabía que su hermana no se revolvía el cabello a menos que estuviese frente a algo que la asustara demasiado.
— ¿Qué no puede ser? —preguntó Carol con curiosidad.
Mia se encontraba agitada mordiendo su labio pensativa.
Carol nunca antes la había visto de...