Leonardo me llevó a su clase, y fue entonces cuando supe que él y Bisso estaban en la misma clase, sentados en el mismo banco.
Me llevó de la mano, ansioso por presentarme a sus compañeros.
—Esta es mi madre, ella ha regresado.
—¿No es la madre de Bisso?
La expresión de alegría de Leonardo se apagó, pero insistió en que yo era su madre.
Le di una palmadita en la cabeza y sonreí.
—Sí, soy tu madre.
Los ojos de Leonardo se iluminaron de nuevo.
Es un niño que carece de amor.
Lo abracé y revisé los reconocimientos que había recibido en la escuela.
En ese momento, una voz...