–Bibiana, aclaremos algo, Bisso es mi hijo. Aunque él te llame mamá, eso no te da derecho a quedártelo para ti sola.
Extendí la mano hacia Bisso, esperando que viniera.
Dudó un momento, extendió su mano, pero al segundo siguiente se aferró con fuerza a Bibiana.
Me sentí decepcionada.
Eulálio los protegió a ambos, sus ojos, profundos como el abismo, me observaban con la frialdad de un águila.
–Bianca, desde el momento en que nos divorciamos, dejaste de ser la madre de Bisso. En el futuro, no te aparezcas más ante él, o no me importará hacer algo para que lo entiendas.
Sabía que Eulálio era siempre frío y calculador,...