—Mamá, ya me voy —anunció Estella mientras terminaba de empacar su pequeña mochila y se dirigía hacia la puerta.
Desde el dormitorio, la voz de Karina, algo aturdida y perezosa, se oyó.
—¿A dónde vas?
—Voy a comprar helado.
Karina se dio vuelta en la cama, luciendo somnolienta.
—Ah, pues vuelve temprano y cómprame uno también.
Estella siempre había salido sola a comprar cosas y era muy ingeniosa. Karina no se preocupaba por ella y la dejó ir sin más.
Y, efectivamente, después de bajar las escaleras, Estella se dirigió al lugar donde vendían helado. Caminaba y saltaba alegremente, con un ánimo especialmente bueno.
En la puerta de la cafetería,...