Cinco años después, en el Aeropuerto Principal de Madrid, un joven salía del canal de recogida de equipaje y se destacaba entre la multitud. Llevaba una camisa y pantalones negros. Sus labios, debajo de unas gafas de sol marrones, estaban fruncidos, y su expresión era excepcionalmente distante y poco accesible.
Al verlo salir, su asistente, que había estado esperando fuera, se acercó rápidamente y le quitó el equipaje mientras preguntaba con cautela:
- Señor, el pequeño Nicolás no ha comido nada en todo el día, ¿deberíamos regresar primero a la mansión?
- ¿Por qué me lo dices ahora? – La voz fría del hombre sonó como si fuera a perder...