A la mañana siguiente, Karina despertó y se giró en la cama, sintiendo como si sus huesos estuvieran a punto de romperse. Abrió los ojos lentamente y se dio cuenta de que estaba en una habitación decorada lujosamente. No le resultaba extraña. Miró alrededor y comprendió que era la habitación de huéspedes de la casa de Gaspar.
Levantó la manta para levantarse de la cama y miró hacia abajo. Sus ojos se abrieron de par en par y gritó, —¡Ahh!—
Su grito se ahogó por el sonido del agua que caía en el baño.
Karina miró aterrada hacia el baño. A través del cristal esmerilado, alcanzaba a ver la figura...