El fuerte estruendo reverberó en la villa, y para cuando Violeta recuperó el sentido, Nicolás ya yacía en un charco de sangre. Parecía haber perdido el conocimiento.
El rostro de Violeta se volvió completamente pálido mientras miraba a su alrededor, ansiosa. Al ver que la sirvienta no se había recuperado aún, regresó rápidamente al dormitorio y fingió que nada había sucedido. Se desvistió mientras avanzaba hacia la cama.
Poco después, el grito desesperado y ansioso de la sirvienta rompió el silencio de la villa.
—El joven pequeño ha caído.
—¡Llama a la ambulancia ahora!
—¿Dónde está el joven?
—Ve a llamarlo ya.
—¡Joven!
Con un fuerte estruendo, la puerta del...