Tres años después, desde el punto de vista de Emma
"¡Tía!", gritó Mason, corriendo directamente hacia mis brazos.
Yo sonreí y lo cargué. Acto seguido, lo senté en mi regazo y lo besé en la frente.
"Hola, amiguito", lo saludé con mi mejor sonrisa.
No podía creer que mi sobrino hubiera crecido tan rápido. A pesar de que celebrábamos su tercer cumpleaños, para mi era como si hubiera nacido ayer.
“El tío Logan me regaló un camión”, me dijo con su linda voz de bebé, mostrándome el cochecito que mi esposo y yo le compramos.
Últimamente estaba obsesionado con los carritos de juguete.
"¿Te gustó?", le pregunté, mirando el regalo...