Suspiré y me di vuelta, golpeando algo duro. Me sobresalté y me senté de golpe. Me agarré el pecho y me volví a acostar.
—Tranquilo —se rió Dom a mi lado.
Levanté la cabeza y miré a mi lado.
—¿Cuánto tiempo has estado ahí? —pregunté. Me sentía algo incómodo y nervioso con él apoyado en mi cama, pero no debería, ya se había sentado en la cama del hospital más de una vez.
—No mucho —se encogió de hombros, pero sus ojos lo delataban. Ahora que lo pienso, podía olerlo antes de quedarme dormido.
—Te traje unos analgésicos para el pecho —me dijo, entregándome dos pastillas pequeñas y un vaso...