Extendí mi mano frente a mí.
—Toma mi mano —susurré.
Él colocó su mano suavemente en la mía, y suspiré mientras una corriente de sensaciones recorría mi brazo. Mi cuerpo vibraba de placer; era una sensación que no podía negar.
—Me perdí en mi cabeza y dejé que los pensamientos negativos me dominaran —susurré—. Siento todo lo que dije —suspiré.
—Pero… te quiero, León —murmuré—. Más que a nada —añadí, con la voz entrecortada.
Él apretó mi mano y me acercó a él.
—Estoy enamorado de ti, Ayla. Tal vez sea pronto, pero maldita sea, me has consumido por completo —suspiró.
Aplasté mis labios contra los suyos y gemí cuando...