—¡Dom, Cal! —gritó Addi mientras asomaba la cabeza por la ventana del coche. Estábamos esperando en la puerta de la manada por ella. Bueno, Dom estaba esperando y yo me escondía detrás de él.
—¿Vas a dejar de actuar como un cachorro y salir? —gruñó a través del vínculo.
—No. —Respondí sin emoción.
Él metió la mano por la espalda y me dio un codazo en el costado.
—Maldita sea, Dom —murmuré. Suspiré y me puse a su lado. Él me miró y sonrió con picardía.
El coche se detuvo y Addi saltó fuera. Corrió hacia nosotros y nos envolvió en un abrazo.
—Diosa, los extrañé tanto —murmuró.
—Nosotros también...