—Esto no era mi plan, ¿sabes?... Hacer que me encuentres aquí y completar el vínculo —rió mientras aún estábamos desnudos y tumbados en la pequeña cama.
—¿Estás seguro? —levanté una ceja mientras me apoyaba en mi codo y lo miraba.
Él rodó los ojos y me empujó con su hombro.
—No te escuché quejarte —dijo con una sonrisa traviesa.
Le guiñé un ojo y luego me incliné para darle un pequeño beso en los labios.
—No tengo quejas —me reí.
Me senté y me deslicé hacia el borde de la cama.
—¿A dónde vas? —preguntó de repente.
Me reí y miré hacia atrás.
—Necesito aliviarme —respondí.
Él se relajó al...