—Bueno, este es tu lugar —anunció Caleb mientras abría la puerta. Estuve de pie en el pasillo del piso del Alfa, mirando a mi alrededor. Podía sentir miradas sobre mí, pero no podía ver a nadie.
Me puso la piel de gallina... No de la manera que esperarías si supieras que te están observando. Me sentí emocionada y atraída por esta sensación.
Suspiré y me volví hacia Caleb.
—Gracias —respondí.
—Todo lo que necesitas está ahí dentro —mencionó.
Me quité su sudadera y se la devolví. Un bajo gruñido recorrió el pasillo. Giré la cabeza rápidamente, tratando de encontrar la fuente del sonido. Miré a Caleb; se encogió de hombros,...