León rodeó mi cintura con su brazo y me atrajo hacia su pecho.
—Todavía nos queda un buen tramo, así que duerme un poco —murmuró mientras me besaba en la mejilla.
Suspiré y me acurruqué en la almohada.
—No pienso dejarte ir nunca. Nadie volverá a hacerte daño —susurró él. Yo suspiré con satisfacción y me quedé dormida rápidamente.
—Despierta, Ayla... ya casi llegamos —León me sacudió suavemente, dejando pequeños besos en mi mejilla. Parpadeé, abriendo los ojos, y bostecé.
—¿Ya? Fue el mejor sueño que he tenido en años —suspiré.
—Dormiste ocho horas… Parece que lo necesitabas —se rió entre dientes. Abrí los ojos, sorprendida.
—¿Ocho horas? —exclamé, ahogada....