Punto de vista de Lila
—Entonces, ¿tu manada es tan grande como esa? —musitó Alarico mientras nos acomodábamos en nuestros asientos en el jet.
—No... —vacilé mientras sus ojos se iluminaban—. Es más grande —susurré.
Sus ojos se abrieron de par en par. —¿Cómo es eso posible? —jadeó.
Tomé su mano y la coloqué sobre mi regazo. —Escucha, estarás bien... Puedes conocer a la manada cuando lo desees —suspiré—. Mi padre ha dicho que todos se mantendrán alejados hasta que tú estés listo —expliqué.
Él suspiró y asintió. —Me va a llevar un tiempo acostumbrarme a esto —comentó.
—Lo superaremos juntos —prometí, recostando mi cabeza sobre su hombro.
He tenido...