—¿Qué demonios estás haciendo? —me gritó, agarrando mi brazo y tirando de mí hacia él. —No me grites, Kiran —respondí con desdén. —Eres tú quien no apareció —gruñí. Él gruñó bajo, pero no dijo nada. Me arrastró hasta llegar a una puerta abierta. Entró a toda prisa, tirándome dentro con él.
—No me trates así, Kiran —repliqué. Se dio la vuelta y me lanzó una mirada fulminante. —Deberías haberme llamado en lugar de andar correteando por las tierras de la manada —suspiró. Me reí de forma sombría. —Intenté comunicarme contigo por mente cuando todo empezó... No sabía qué era al principio —le lancé. Él comenzó a caminar de un lado...