—¿Qué vamos a decirle a tu manada? —murmuré.
Estaba recostada sobre su pecho mientras él pasaba su mano suavemente por mi espalda. La sensación era un éxtasis. Él bloqueaba todo… todos los pensamientos negativos y la autodesprecio. Lo único que recorría mi cabeza era lo cerca que estábamos el uno del otro.
—Les diremos que eres mi mate y su Luna —comentó—. Pero lo haremos cuando tú estés lista. —Añadió mientras suspiraba.
Me senté de golpe.
—¡Oh, diosa mía, ¿Luna?! No puedo ser una Luna —grité.
Una profunda y grave risa salió de su pecho, y casi me deshago en ese sonido. Levantó una ceja y sus ojos brillaron de...