¡Maldito idiota! ¿Quién se cree que es para salir corriendo así? Y ni una palabra sobre lo que está mal. He intentado conectarme con él, pero me está cerrando la puerta... Necesita seguir su propio consejo, no me cierre la puerta. Gemí y me senté. No puedo sentir sus emociones, ¡me está cerrando todo!
—¡Ve a buscarlo! —gruñó Conan.
—No, que se joda —suspiré.
—Deja de ser terco y ve a buscarlo —rugió. ¿Aggresivo, eh? Pasé las manos por mi cabello y me levanté de la cama. Me ajusté los pantalones cortos y la camiseta antes de salir de la habitación. Me dirigí a su oficina.
—Beta Caleb, ¿estás buscando...