Un suave golpe en la puerta me despertó.
—Un minuto —groané. Empujé las cobijas y me senté.
—Caleb, soy yo —llamó Addi.
—La puerta está desbloqueada, puedes entrar —grité. La puerta se abrió y Addi asomó la cabeza.
—¿Estás bien? —preguntó, levantando una ceja.
—Sí, ¿por qué? —cuestioné, acariciando la cama a mi lado y ella se acercó.
—Es hora de almorzar —mencionó mientras se sentaba en la cama, frente a mí.
—Vaya, debía haberme levantado más temprano —groané. Ella se rió y sacudió la cabeza.
—No te preocupes, mi mamá me envió a ver cómo estabas. Dijo que estará lista cuando tú lo estés —explicó, levantando una ceja hacia...