Lila entró corriendo en la oficina y se lanzó hacia mí. Me golpeó contra León porque no lo esperaba.
— ¿Estás bien? Te vi sufrir y me asusté —sollozó.
Me agaché un poco. La levanté mientras ella envolvía sus piernas alrededor de mi cintura y me miraba.
— Estoy bien ahora —sonreí.
— ¿Lo prometes? —suplicó, con la voz pequeña y rasposa.
— Lo prometo —rocé mi nariz contra la suya, y ella soltó una risita.
Mi papá solía hacer eso con Owen y conmigo siempre que uno de nosotros estaba herido o molesto. No sé por qué, pero siempre me hacía sentir mejor... Creo que era más una cuestión...