Punto de vista de Lila
Me recosté en el columpio de nuestro jardín privado. Alarico estaba sentado junto a un pequeño estanque con nuestra hija.
Ella es hermosa, una visión de su padre; su largo cabello negro y sedoso con unos ojos oscuros y cautivadores.
Ambos se levantaron y se acercaron hacia mí, riendo entre ellos.
—Mamá, ¿estás segura de que van a venir? —preguntó.
—Sí, claro. Llegarán muy pronto —respondí, sonriendo.
—¿Incluso el tío Athan y la tía Celeste? ¿El tío Iker y el tío Elías? —indagó.
Solté una pequeña risa y me levanté del columpio.
—Cariño, no se perderían tu primer cambio —sonreí cálidamente.
—Vamos, pequeña —la instó...