8 años después.
—¡Dom, lárgate! —escuché a Addi gritar al entrar en la cocina.
—Solo tienes celos de que yo encuentre a mi compañero primero. —replicó él, sonriendo.
Rodé los ojos y fui directo a la cafetera; necesito café primero si voy a lidiar con ellos esta mañana.
—Somos gemelos, idiota. —se rió ella y escuché a Dom gruñir en respuesta.
Coloqué mi taza en la cafetera y la encendí.
—Entonces, ¿alguno de ustedes ha escuchado algo? —pregunté, mirando entre los dos.
Sacudieron la cabeza y me miraron.
—Te lo diremos si escuchamos, mamá. —respondió Dom.
Les conté sobre mi loba cuando eran lo suficientemente grandes para entender. Omití los...