—¿Vamos? —susurró Kiran.
Asentí y suspiré. Sabía en el fondo de mi corazón que no podría tener cachorros. Solo pensé que tal vez algo podría salir bien para mí, por una vez. Kiran se levantó y me extendió la mano; la tomé mientras me ayudaba a levantarme.
Respiré hondo y luego lo miré.
—¿Tú—? ¿Estás—? —balbuceé.
—Te amo. —exclamó, mirándome fijamente.
Le sonreí y asentí. Aunque él dijo que nada cambiaría, necesitaba la reafirmación.
—Vamos a casa... Puedes relajarte y yo me encargaré de la habitación de Celia. —murmuró mientras salíamos de la oficina.
—Necesitamos saber qué color le gustaría. —murmuró mientras caminábamos por los pasillos.
Humm en respuesta.
—¡Oh,...