—¿Qué fue lo que dijiste? — cuestionó Aurora a Armani, mientras daba una mirada cargada de dolor y decepción a su esposo.
Todos habían dejado de hablar o de murmurar, y un silencio sepulcral se había instaurado en el lugar. Las lágrimas de Aurora se resbalaban en sus pálidas mejillas, y sus ojos enrojecidos por el llanto le lanzaban mil cuestionamientos a Massimo.
—No es lo que tu piensas, Aurora. — dijo Massimo intentando hablar con su esposa.
—¿Qué no es lo que ella piensa?, ¿Dice que usted no ordenó que esos hombres nos persiguieran por toda la ciudad para que nos hicieran arrestar? — dijo Armani caminando hacia Aurora....