Chapter 5 Entregando el cuello.

Chapter 5 Entregando el cuello.

—¿Qué es lo que está pasando? — cuestionó Aurora a Massimo cuando esté la tomo por el brazo.

—Le he firmado un muy jugoso cheque a tus padres, mi pequeño petirrojo, tus padres te están esperando para aclarar esta situación…desde este momento, Aurora Bianco, eres de mi propiedad, y vivirás conmigo en la mansión Bensiali, nuestra boda se llevará a cabo en dos semanas…y no puedes hacer nada para impedirlo. — respondió Massimo, llenando de horror y confusión a Aurora.

Aurora intento zafarse del agarre de Massimo, aquello que le decía no podía ser verdad. De ninguna manera podía ser verdad, se dijo a sí misma una y otra vez.

—¿Este es uno de tus trucos maldita lombriz de tierra? Mis padres de ninguna manera me harían algo como eso. Tu estas sugiriendo que ellos acaban de venderme. — dijo la pelirroja negándose por completo a creer algo como aquello.

Logrando someterla, Massimo forzó a Aurora a entrar en su lujoso auto.

—Ya lo descubrirás por ti misma, pero no te he mentido, así que será mejor que no vuelvas a llamarme como lo hacías cuando éramos niños, no soy ninguna lombriz, desde ahora, soy tu hombre. — respondió Massimo a la pelirroja.

Leandro Fiore vio con frustración como se llevaban a Aurora en contra de su voluntad, y siendo soltado por los guardaespaldas que lo habían sometido, corrió con celular en mano para llamar a la policía.

—Por favor, han secuestrado a una estudiante de la facultad de medicina, su nombre es Aurora Bianco, se la ha llevado un hombre rubio de apellido Bensiali, creo que su nombre es Massimo…si, si estoy seguro maldita sea, tengo todo en video, por favor hagan algo rápido. — dijo Leandro en aquella llamada, rogando que nada malo le ocurriera a Aurora.

Una vez que entre gritos y patadas habían llegado a la mansión Bensiali, Massimo bajó del lujoso auto adolorido de las costillas; Aurora no había dejado de ser esa fiera salvaje que había sido desde la niñez. Siendo tomada de ambos brazos por los hombres de Massimo, la pelirroja vio con horror en donde estaban.

—No vas a salirte con la tuya, voy a denunciarte por secuestro, Leandro hará que venga la policía y no importa que tan millonario seas, yo saldré de aquí por mi propio pie. — aseguró la pelirroja.

Mirando a Aurora, Massimo sonrió.

—Eso lo veremos, por favor, vamos a mi estudio, si realmente quieres saber la verdad, acompáñame. — dijo el rubio con un deje de seriedad.

Aurora miró con desprecio a ese hombre caprichoso, y caminando delante de él, se dirigió al estudio que ya conocía. Grande fue su sorpresa al mirar a sus padres allí, esperándola.

 —Cariño…por favor, tienes que perdonarnos. — dijo Giorgia Bianco, sosteniendo en sus manos un maletín oscuro por el cual sobresalían algunos billetes verdes.

—No tuvimos otra opción, te pido que no denuncies al señor Massimo ni a nosotros…el amable señor nos ha dado el dinero suficiente para pagar el tratamiento de tu madre…tienes que comprendernos, tu misma nos has dicho que harías lo que fuera por nosotros. — dijo Armani.

Aurora sintió como las palabras y el llanto se le atoraban dolorosamente en la garganta. Recargándose en la pared del estudio, la pelirroja no tuvo nada para decir. Massimo no dijo nada tampoco, los padres de Aurora habían ya cobrado el cheque, y planeaban marcharse. Mirando la decepción y la tristeza que se habían plasmado en el rostro de Aurora, el rubio sintió algo de remordimiento…pero no dejaría que esos sentimientos mezquinos se opusieran a lo que realmente deseaba para sí mismo.

Pasando por a un lado de Aurora, sus padres se abrazaban con fuerza a esos maletines repletos de dinero; cada uno había dejado un beso en la mejilla de su única hija, pero en sus brazos no había espacio para ella. Derramando una lagrima, Aurora supo que sus padres lo habían hecho…la habían vendido a Massimo Bensiali.

¿Qué podía hacer?, ¿Qué podía decirles?

Sus padres habían trabajado toda su vida para sostenerla a ella, y era justo que les devolviera el cuidado que le dieron…y con el precio que por ella había pagado Massimo, su madre podría llevar su tratamiento contra el cáncer en completa calma, sin preocuparse por nada, tan solo en recuperarse.

—Señor, unas personas de la policía han llegado, aseguran que tienen un reporte de secuestro y quieren hablar con usted. — dijo Giuseppe con seriedad, dando una mirada de soslayo la joven Aurora.

La pelirroja abrió los ojos con horror; si aceptaba que había secuestrada por Massimo y traída a la fuerza a la mansión por parte de este, la sucia lombriz no dudaría en cargar la responsabilidad a sus padres, culpándolos de poner a su hija en venta, mirándolo a ambos, sintió que el corazón dentro de su pecho se le apretaba dolorosamente; ellos estaban grandes, llenos de preocupación con la cruel enfermedad de su madre y su pobre cuerpo desgastado por el cáncer no soportaría juicios y cárcel…estaba en medio de dos afiladas espadas y sea a donde sea que se moviera, ella no iba a ganar. Sin embargo, ya sabía que era lo correcto…y lo que tenía que hacer.

Decidida, caminó a la entrada de aquella mansión con el corazón destrozado, y el alma pendiéndole de un delgado hilo. Derramando lagrimas que secó a la brevedad, la pelirroja lamento su mala suerte…y odio a Massimo Bensiali con todas sus fuerzas.

—Perdóname…Leandro… — musitó para sí misma.

Quedando frente a frente de los dos policías, la pelirroja sonrió.

—Buenas tardes, ¿Es usted Aurora Bianco?, se nos ha reportado que fue secuestrada por Massimo Bensiali. — dijo uno de los policías.

En ese momento, Massimo salió y se quedó junto a Aurora, quien de inmediato le había tomado de la mano.

—Soy yo…lamento el malentendido, tuve una discusión con mi prometido, Massimo no me secuestró, tan solo tuvimos una pelea de pareja después de su regreso del extranjero, lamento mucho las molestias. — respondió la hermosa pelirroja.

Los policías sonrieron, completamente convencidos por las palabras de Aurora.

—Está bien señorita, le pedidos que no vuelva a repetirse este incidente, lamentamos mucho las molestias señor Bensiali, y lamentamos profundamente la muerte de su señor padre quien siempre dio grandes donaciones a la jefatura, nos retiramos. — respondió uno de los policías.

Mirándolos marcharse, Aurora supo que su única oportunidad para liberarse se había esfumado…pero por sus padres, ella era capaz de sacrificarlo todo…incluyéndola a ella misma. Tomándola por la cintura, Massimo sonrió; ya sabía que su querido y hermoso petirrojo, sería capaz de entregar su propio cuello por amor a sus padres.

—Desde este momento me perteneces, Aurora, me he convertido en tu único dueño. — dijo Massimo con arrogancia.

Apretando sus puños sobre el pecho del rubio, la pelirroja se negó a llorar, y pisando fuertemente con su afilado tacón el pie de Massimo, lo vio quejarse y retorcerse como una lombriz.

—Podrás ser mi dueño, Massimo, pero te juro que no seré una esposa abnegada…te haré vivir en el infierno. — respondió Aurora con determinación.

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