Desperté sintiendo que alguien me sostenía la mano. Por los destellos que provenían de ella, supe que era Zeus. Abrí los ojos lentamente y escaneé la habitación. Las paredes estaban pintadas de blanco. Estaba en un hospital.
Miré a mi compañero, que dormía tranquilamente a mi lado. Tenía ojeras y su rostro estaba tan pálido. Deslisé mi mano de su agarre lentamente, pero él despertó de inmediato.
—¿Catalina? —dijo, aliviado al verme.
—C—¿Puedo tener agua, por favor? —le pedí, con la garganta seca. Me dio agua y me ayudó a llevarla a mi boca.
—¿Cómo te sientes? ¿Sientes algo raro? ¿Te duele algo? —preguntó, luciendo tan preocupado, pero tan guapo...