Ivette, se sentía petrificada.
¿Esa era una manera de asumir que la quería?
¿Cómo debía sentirse exactamente?
¿Feliz, porque guardaba esperanzas?
¿Dolida, porqué no lo sepa con exactitud?
¡Todo era tan confuso!
-¿No dirás nada?- le preguntó con ojos desesperados- solo es una propuesta Ivette. . . sé parte de mi mundo. Ayúdame a saber si es amor, y si resulta serlo, ayúdame a ser un hombre digno de que tu lo ames. No un mujeriego, no un don Juan, no un descarado como me dices. Ayúdame a ser el hombre que querrías en tu vida, pero sobretodo, ayúdame a enamorarte. Si resulta que no es amor y no sientes...