Zabdiel. . .
Mientras caminaba a atender los asuntos que reclamaban mi atención, no podía dejar de pensar en Isabella, esa hermosa rosa inglesa que poco a poco se ha ido metiendo en las profundidades de mi ser.
Nunca antes una mujer me había afectado de esta manera. Me preocupa haberla dejado a merced de Esquizbel, solo me queda confiar en que mi primo no cometa una estupidez que me obligue a tomar la decisión que he estado evitando.
La de exiliarlo, aunque eso genere revueltas en Norusakistan.
Si se le ocurre tocar a Isabella Stone, mi despreciable primo pagará las terribles consecuencias, y no puedo asegurar qué tan malas...