Después de que el Jeque se retirara, el Príncipe había hecho llamar a una mujer de nombre Naiara, era joven, hermosa, de ojos y cabello oscuro, con una piel hermosamente bronceada.
-¿Desea prepararse para la cena señorita?- le preguntó y ella asintió.
-Sí. Muchas gracias.
-Sígame, la llevaré a sus aposentos- aquella palabra sonaba tan extraña para Isabella. Hablar de una recámara en plural era bastante extraño. Pero al llegar a la habitación lo comprendió, era realmente enorme, tanto que podían haber sido cuatro habitaciones, o quizás cinco, el hecho de que le dijeran "sus aposentos" era perfecto.
Sobre la inmensa cama encontró su mochila, la que contenía las pequeñas...