Isabella sintió un gran nudo en su garganta. No podía negar los sentimientos que generaba aquel ardiente hombre en ella, no tenía a nadie en casa que la esperaba, estaba terriblemente sola, sin contar a sus fieles amigos. Ansiaba desesperadamente pertenecer a algún lugar, sentirse parte de algo, asentarse en su lugar en el mundo, y su corazón le gritaba que ese lugar estaba allí; en Norusakistan, junto a ese hombre que le pedía ser suya.
-¿Tan terrible es la idea de ser mi esposa?- le preguntó burlón, pero sintiendo miedo a su respuesta.
-Para nada, Majestad. De hecho es terriblemente tentador- le acarició el contorno de los labios- pero...