Esquizbel. . .
La sigo en silencio y por la forma en que sostiene la respiración, sé que sostiene también las lágrimas. Cuando salimos de Palacio, la miro fijamente.
-¿A dónde ira?, es muy tarde para regresar a su emirato.
-Lo sé- dice- supongo que buscaré una posada.
-Sabe usted bien, que las posadas aquí son un asco. Pero si gusta le ofrezco mi casa para que pase la noche y así converso un poco con usted.
-No sé si. . .
-Es una buena propuesta.
-¿Habrá lugar para mi y mis escoltas?
-Todo el lugar que usted necesite señorita. Sé que no tiene buena imagen de mí, lo sé....