Cuando llegaron al apartamento, todo estaba oscuro, aparentemente no había nadie. Así que después de comprobar las habitaciones y descubrir que efectivamente, nadie estaba en casa, decidieron descansar un poco. Isabella alimentó a Nael, con la mamila y luego lo dejó dormir tranquilamente.
Ivette, estaba en su habitación, empezando a soñar cuando el teléfono timbró desesperado. ¿Quién podría arruinarle así la siesta?
La pantalla alumbro. . .
James. . .
¡Santo Dios!, había olvidado a James, por completo.
-Hola, James.
-Hasta que puedo comunicarme contigo Vetty. ¿Cómo estás?
-Muy bien, James. He tenido días bastante ocupados.
-Lo imagino- suspiró- ¿cuándo vuelves?- preguntó triste.
-He regresado hace algunas horas, precisamente estaba...