En aquel momento, Ángela no supo que decirle eso a Jessica sería su perdición. Winkelman era una mujer sin alma, sin empatía y por tanto, sin piedad ¿Qué le importaba esa chica? ¿Acaso en verdad creía que podría tener algo de corazón su madre? Claramente Ángela no sabía dónde se estaba metiendo.
- ¿Mi hija? – dijo con gestos de desprecio.- ¿Y de dónde sacaste eso de que soy tu madre? Yo no tengo hijos. – dijo tajante sentándose frente al espejo y retocándose el maquillaje. En tanto Ángela iba acercándose más a ella.
- Si, lo es. Escuche – intento acercarse y tocarla pero ella le miró la mano...