Tenerlo tan cerca me hacía débil, hacia que mis pensamientos se fuesen, mis piernas temblaran y el deseo real llegara.
Se acercó un poco más, tanto que nuestras narices rozaron, sus manos se movieron lentamente y poco a poco comenzó a pasar su dedo índice por todo mi brazo hasta llegar a mis hombros.
Yo sonreí ante la sensación, por reflejo mismo, él también lo hizo.—Déjame demostrarte que todo ésto es real, sé que lo sientes, no te fuiste... Tú también crees en nosotros.—Confesó en un suspiro.
Su otra mano se movió hasta mi cintura poco a poco, tomándome acercándome a él un poco más. Y allí, sin distancia entre...