Los días pasaron más rápido de lo que quería admitir, siempre buscábamos el modo de entendernos y no discutir.
Bella se deterioraba más y más, los días para ella eran meses y cada que despertaba, le costaba un poco más.
Muy poco habló de su estado, nunca habló del cáncer, solo recordaba que el tiempo que le daba estaba contado y que no podía perderlo. Entendimos que aquella conversación era un enorme recordatorio de que estaba débil, que muchas veces no podía sola y que no debía sentir lastima por ella.
Así que el resto del tiempo guardamos silencio. No teníamos porqué abrir una herida que no estaba del todo...