Los siguientes días meses y hasta dos años fueron horribles, entre audiencias y comparecencias en la lucha por la custodia total de mi hija, cada vez que veía a Sonya se adhería a mi camisa y lloraba con rabia ya que no deseaba estar con ella.
—¡Nooo papito mioooo! No quelo con mami mamáaaaa ella mala – gritaba y pataleaba golpeando a Sonya en el trayecto y tumbando cosas, a Dios gracias mi novia Daniela siempre estaba por allí para calmarla.
—¡No me sueltes plinteta for favor! Ella mala no la quelo – Dani la abrazaba y mecía calmándola o por lo menos tratando.
—¡Claro! Como va a quererme a...