Pablo la miró con malicia, si Elena pensaba que podía jugar con él, estaba equivocada. Por lo que él aceptó el reto y subió junto a ella hasta la suite del hotel. Elena se metió a la ducha y minutos después salió envuelta en una toalla que apenas alcanzaba a cubrir su torso. Pablo tuvo que respirar profundamente para contener las ganas de tomarla en ese instante y hacerla suya. Elena era excesivamente seductora por lo que dejó caer la toalla sin el menor recato y se tendió en la cama de espaldas a él...
—En mi bolsa tienes loción para el cuerpo. Tómala. —él obedeció, abrió el bolso de...