Jóse permaneció en el hospital como un perro faldero, intentando cuidarme y protegiéndome de una manera desesperada. Aunque se esforzaba por conseguir dinero y contactar con posibles donantes de médula, lo que me permitía tener momentos de paz cuando no estaba en la habitación.
Los resultados de la prueba de ADN llegaron pronto: Sarita era, efectivamente, hija biológica de Rodolfo. No me apresuré a compartir esta buena noticia con Jóse. En su lugar, subí el contenido grabado en mi grabadora a internet.
Incluí el historial de transferencias que le había hecho, las fotos de Jóse rescatando a Sarita, la información sobre Rodolfo y las imágenes de Jóse defendiendo a Gabriela...