La música electrónica sonó de fondo, haciendo que el hombre delante de Carolina siguiera moviéndose de un lado al otro con la tanga de elefante, ella estaba repasando una y otra vez las palabras que habían calado en algún lugar dentro de ella. Perla, al contrario de Carolina, no dejó de chiflar a los desnudistas, de vez en cuando metiendo sus dedos entre la tanga de los bailarines, al notar que su amiga, estaba sumida en su propia burbuja, se acercó a ella decidida a pincharla de un chingazo, se dejó caer en la silla y le ofreció la botella de tequila.
—¡Vamos mi reina! ¡Esto parece más un funeral...