—Deberías de guardarte esas palabras para ti—murmuró Carolina.
— ¿Qué tiene que diga en voz alta? —Daniel retiró sus dedos de la barbilla de ella. Pudo ver ira contenida en su mirada, la pequeña mujer, de porte cabrona y mala hablada, con mirada asesina, tenía algo que le llamó la atención, quizás y era qué, veía una de las cualidades que buscaba en una mujer, el que no se dejara de ningún cabrón como él.
—Tiene mucho, para mí. —Carolina tiró de su yegua y negó. —No lo quiero escuchar. Es un pasado. Otra Carolina. —ella arqueó una ceja y, murmuró para sí misma. —Y una bieeeen pendeja. —Daniel sonrió al escucharla, siguió su paso en total silencio a su lado, ella parecía estar perdida en sus propios pensamientos.
—Y en estos dos años que estuviste en España, ¿Conociste a alguien? —ella arrugó su ceño, luego sin dejar de caminar lo observó.
— ¿Ahora qué tramas? ¿Tenemos que tener conversaciones de “prometidos”? —Daniel no entendió.
— ¿Qué tiene que pregunte? Solo es curiosidad. —Carolina ya estaba irritada.
—Pues no tengas curiosidad conmigo. Simplemente no lo hagas y evita abrir la boca para preguntarme cosas que no te incumben—Daniel se encabronó, alcanzó su codo y la giró para que lo viera de enfrente.
— ¿Qué es lo que te hizo para que seas así? —ambos jadearon, mirándose la boca, luego a los ojos, ella apretó su mandíbula y se soltó de un movimiento brusco.
—Daniel, acepté esta boda por mi padre, él confía ciegamente en ti, al igual que tu padre, quitemos la obviedad de que eres su hija, pero por mi padre es que hago esto, una boda, un matrimonio de negocios, aguantarte, —torció su labio—…soportarte.
Daniel pudo ver algo en sus ojos.
—Me odias. —afirmó. —Me odias tanto, ¿Entonces? ¿Solo por tu padre lo haces? —él se acercó más a ella— ¿O es porque realmente quieres estar casada conmigo? Creo yo que, aun me deseas, que sientes algo por mí como para ceder a casarte conmigo, el que lo quieras hacer por tu padre, es un mero y ridículo pretexto. —Carolina soltó una risa burlesca, se mordió el labio y cortó la pequeña distancia entre los dos, puso su mano en el pecho de él, Daniel se tensó. Los dedos de ella acariciaron un poco, sin dejar de mirarlo a los ojos.
—Me sorprende que sigas con tu ego súper mamón. —estaba a punto de retirar su mano, pero él atrapó su muñeca. —Suéltame.
—No es un ego súper mamón, cuando uno sabe lo que tiene y lo que puede dar, lo que obtienes es confianza. Carolina, Carolina, ¿Crees que solo porque eres ruda por fuera vas a comprarme? Podrás ocultar a aquello mujer sumisa delante de todos, pero de mí, nunca, por qué te conozco.
—No me conoces. —ella se soltó de un movimiento brusco en el momento qué Daniel aflojó un poco su agarre. —Lo hago por mi padre, solo por él.
Sonrió Carolina de una manera que provocó en Daniel que se le pusiera la piel de gallina.
—Eso…—Daniel sonrió—…lo veremos cuando nos casemos.
Carolina esfumó su sonrisa y torció su labio. Se volvió hacia su yegua, se montó en ella y salió cabalgando hecha una furia, Daniel la miró irse sin él.
—Vaya, la cabrona se enojó, —soltó un suspiro—A huevo que sientes algo por mí, a cómo me voy a divertir. —él sonrió de manera desafiante, se subió al caballo y salió detrás de ella.
—Elijo este color de mantel. —Carolina le entregó la muestra a la organizadora de bodas, una muy famosa entre personas poderosas. Era una mujer alta, esbelta, radiaba elegancia pura, vestía impecable y a la moda. Carolina le miró por unos segundos, e inconscientemente, se enderezó, presionó sus labios y desvió la mirada hacia Daniel. —Tú eliges la comida. —Daniel asintió lentamente sin dejar de mirar a la organizadora, por unos momentos, Esmeralda, —el nombre de la organizadora—miró en dirección a Daniel, la forma en como la miró, le provocó un calor entre sus piernas, se lamió los labios y al darse cuenta de lo que estaba provocándole, regresó inmediatamente la mirada a las muestras, él miró a Carolina quien lo miraba con cara de “¿Enfrente de mí? ¿En serio hijo de tu puta madre?” Daniel se removió en su lugar. Tenía que entender que tenía que dar una impresión de que eran la pareja comprometida más feliz del mundo.
—Esmeralda—la llamó, Daniel, la mujer con las mejillas ruborizadas en un color tómate, lo miró.
— ¿Sí, señor García? —Carolina que estaba al lado de ella, notó la incomodidad. — ¿No es verdad que tengo la prometida más hermosa por haber en todo el mundo? —la mujer levantó una ceja, luego se dio cuenta que había malinterpretado, se aclaró la garganta y miró con una sonrisa en dirección a su clienta.
—Claro, será la novia más hermosa. —Carolina no sonrió, no hizo ningún gesto, miró con seriedad a Daniel y entendió su juego, ella suavizó su rostro y puso esa sonrisa fingida que solía usar de vez en cuando.
—Gracias, amor. Creo que deberíamos—miró a la mujer—…dejar esto por hoy, mañana podemos vernos de nuevo, estoy algo cansada.
—Claro, si, si, como usted guste, mañana podemos terminar con todo, no nos falta mucho por definir. —Carolina asintió y le lanzó una mirada de odio, de esas miradas que dicen que estás emputada, que en cualquier momento saltarás sobre la yugular, ella se retiró, subió las escaleras mentando la madre a Daniel entre dientes, si se la cogía en la sala, que lo hiciera, parecía que tenía urgencia por hacerlo y ella estaba estorbando.
—Carolina—escuchó que la llamó Daniel, llegó al último escalón de la segunda planta, se volvió hacia a él, puso sus manos en el barandal de hierro.
— ¡¿Qué?! —dijo respondona.
Daniel se cruzó de brazos y miró hacia arriba.
— ¿Y ahora qué vergas te pasa? —Dijo él con enojo—Tenemos muy poco tiempo para terminar de organizar la boda y, sales con la mamada que está cansada, ¿En serio? Yo tengo cosas que hacer mañana, así que tu ve verás con Esmeralda y tú misma elije lo que se te pegue la regalada gana.
Carolina arqueó una ceja y apretó el agarra del barandal de hierro.
—No, cabrón, tú estarás mañana junto conmigo para hacer eso, ¿Es que me dejarás todo a mí solo para que te largues a jugar o a cogerte a medio Arizona? Que, por cierto, deja que Esmeralda termine de organizar la boda, ya después de la coges las veces que quieras, pero ¡Que termine su trabajo antes! —exclamó furiosa, Daniel se quedó callado, bueno, lo había pillado, ¿Pero que podría hacer? Era cogerse a Esmeralda y quitarse la tentación o pedir a una de sus contactos que fuera al departamento.