Un hombre trabajador le entregó la yegua blanca que era de ella, Carolina sonrió al ver a "Bella" así la había apodado, ya que fue lo primero que pensó cuando la vio nacer hace años atrás.
Acarició la larga cabellera del animal, la reconoció de inmediato.
—Buenos días. —Carolina maldijo entre dientes, no se giró, siguió acariciando el cabello. —Quería hablar contigo.
— ¿Vienes por otra patada en los bajos? —Daniel se molestó.
—Puedes prestarme atención. —exigió él, Carolina arrugó su ceño, se giró lentamente, como si estuviese haciendo la escena de la niña del exorcista.
— ¿Qué quieres? —dijo ella en un tono gélido.
—Tenemos que hablar acerca de la boda.
— ¿Qué? ¿Ya te echaste para atrás? Porque si es así, me harías el gran puto favor. —Daniel arrugó su ceño.
—No. No vengo a retractarme.
—Chingado. —Carolina murmuró entre diente regresando la mirada a su yegua.
—Bueno, si no quieres casarte, termínalo. —ella se giró completamente hacia a él, ella reconoció que Daniel era atractivo, alto, fornido, con esa barba de candado que podría ser debilidad de muchas.
Llevaba unos pantalones azules de mezclilla, una camisa blanca de manga corta, se veía cómodo.
— ¿De qué quieres hablar? —ella se cruzó de brazos, haciendo resaltar sus grandes pechos, Daniel no pudo evitar mirarla de pies a cabeza, lució un pantalón negro, adherido a sus caderas, su blusa de cuadros, le hacía recordar la última vez que se vieron. — ¿Ya terminaste de mirarme?
Tengo prisa.
Daniel soltó un suspiro.
—Necesitamos arreglar los detalles de la boda, solo tenemos cuatro semanas para dar el sí.
—Lo sé, llevo la cuenta para la guillotina. —Daniel negó cuando se cruzó de brazos.
—Bien, la organizadora del evento viene esta tarde, quiere tomar detalle de nuestros gustos para poder crear el evento.
—Está bien. —Carolina rodeó el animal y disfrutó verla, luego se subió, alcanzó las cuerdas. — ¿Es todo?
—No.
— ¿Y ahora? —Carolina se irritó más.
—Tenemos que hablar acerca de lo que estipularon nuestros padres. —ella se tensó.
—Aún no nos casamos. —respingó ella.
—Lo sé. Pero tenemos que hablarlo desde ya. —Carolina se bajó y caminó hasta quedar frente a él, ella levantó su mirada, estaba llegando apenas su cabeza a sus hombros.
—Hablemos. ¿Cuándo quieres coger? —Daniel alzó sus cejas, luego miró alrededor de que nadie la haya escuchado. — ¿A quién buscas? — Daniel la miró, soltó un bufido.
—A nadie, solo que pensaba que este tema se iba a hablar en privado. —ella le hizo señas a un hombre y le pidió un caballo para Daniel.
—Alcanza el caballo y vayamos a platicar dónde nadie nos escuche si es tanta su preocupación. —Carolina se regresó, montó su yegua y comenzó a cabalgar, se detuvo y le hizo señas para que la siguiera Daniel.
Después de alcanzarla, de estar alejados de todo mundo, ambos se bajaron y caminaron un largo camino de tierra, tirando de sus caballos.
Iban en silencio.
— ¿Entonces? —dijo ella.
—Bueno, eso de hacer un hijo, pienso yo que debería de ser si dos personas están…—Daniel se tensó, recordó su pasado.
— ¿Están qué? —preguntó Carolina.
Daniel salió de su pensamiento.
—Bueno, me refiero a que, para tener un hijo, hay que estar preparados, y pienso que deberías de hablar con tu padre, decirle que hablaremos de ese hijo después del año de casados.
Carolina siguió caminando.
—Bueno, hasta que estamos de acuerdo en algo—ella sonrió hacia Daniel.
—Es que, sinceramente…
—Lo sé, estamos viviendo una época de mucho peligro, además es una guerra diaria por el poder y luego, traer un hijo es…
—Exacto. —dijo Daniel. — ¿Entonces le dices a tu padre?
—Sí, hablaré con él, que se va a postergar su sueño de tener un nieto.
— ¿Cómo es que puedes ceder a todo este circo del matrimonio y lo de la familia? —preguntó Daniel, ella giró su rostro hacia a él.
—Tengo mis motivos. —cortó de tajo.
— ¿Puedo hacerte una pregunta?
—No.
— ¿Por qué no? No sabes ni que…—ella lo interrumpió.
—Dije que no. ¿Qué parte de que no quiero que me hagas preguntas no entiendes, Daniel? Puta madre, me haces enfurecer en segundos…
—No me eches la culpa, estás emputada desde que regresaste. —Daniel sonrió. —A excepción de esas dos veces que nos vimos hace dos años atrás.
—Vete a la chingada, ya habías tardado para sacar eso.
Daniel soltó una carcajada, ella enfureció, apretó su mandíbula.
—Es que es en serio, Carolina, no eras esa mujer que...
— ¡Cállate! —exigió ella, pero vio que para él era divertido.
—Recuerdo tus pecas de tu espalda baja…
—Hijo de tu p…—Daniel se giró hacia a ella para bloquear su camino.
— ¿No me extrañas dentro de ti? —Daniel sonrió más y más al ver el rostro rojo de Carolina.
—Jamás. —cortó de tajo, Daniel se mordió el labio.
—Yo sí. Hace dos años es que sigo…—se acercó a ella, con su mano libre recorrió su barbilla. —…recordando nuestra noche. —Carolina manoteó con brusquedad su mano.
—Yo no, —miró Carolina a los ojos de Daniel. —He tenido mejores…—él fue rápido, atrapó a la barbilla de Carolina y la elevó hacia a él, ella intentó soltarse. — ¡Suéltame! —atrapó la muñeca de él con ambas manos, Daniel estaba emputado con sus palabras anteriores.
—Puedes tener a todo hombre en tu cama, recorriendo cada centímetro de tu deliciosa piel, pueden tener tus besos, tus caricias, tus orgasmos y ese elixir que vuelve loco a cualquiera, pero jamás, escúchalo bien, jamás tendrán lo que yo tuve de ti…tu preciada virginidad, esa, es solo mía, solo de Daniel García.