La adrenalina. El sabor de los labios. Esa electricidad invadiendo cada rincón del cuerpo. Sentimientos y recuerdos salen a la superficie. Una ola grande intentando ahogarlos. Así era como ambos se sintieron.
Carolina se separó, tensó su mandíbula, la había besado, no solamente prefería él vivir sin sus dedos, estuvo decidido a arriesgarse.
—¿Qué es lo que haces? ¿Quieres quedarte sin tus putos dedos? ¿Sin hijos? ¿Qué no se te graba nada en esa cabeza que tienes? ¿La tienes dioquis o qué? —dijo ella encabronada, Daniel retrocedió al sentirla tensa, a la defensiva, pensó que había cruzado una línea demasiado delgada entre los dos, una pequeña vena resaltó de su...