Un grupo de mujeres se agolpaba en la entrada de la escuela, sosteniendo pancartas. Algunas de ellas, con megáfonos en mano, gritaban que Régulo y Teófila tenían una relación indebida y que habían causado la muerte de una estudiante.
Desde las ventanas de las aulas se asomaban curiosas muchas cabezas.
Antes, mi Zarita también estaba entre esas cabezas curiosas.
Ahora ya no está.
Hice investigar la relación entre Régulo y Teófila, y descubrí que Teófila trabajaba en la misma escuela que Régulo, incluso en la misma oficina. Fue Régulo quien, usando mi nombre, la metió allí.
No solo eso, Régulo también utilizó los fondos de nuestra cuenta compartida para comprar...