Cuando Régulo volvió, yo estaba empacando las cosas de Zarita.
Al verlo entrar, me di cuenta de que había olvidado cambiar la contraseña.
Régulo se quedó en la puerta de la habitación, dudando.
Lo ignoré y seguí con mi tarea.
Querían que quemara las cosas que a Zarita le gustaban. Ella era una persona chapada a la antigua, un simple muñeco podía durar años para ella.
—¿Realmente tienes que hacer esto?— preguntó Régulo al fin.
Gracias a los datos actuales, el registro de las transferencias y pagos de Régulo para la compra de la casa de Teófila, junto con mis propios registros, ayudaron a mi abogado a ganar el caso,...