Mi madre rodea mi cintura con su brazo. Yo, poso el mío en su hombro mientras avanzamos hasta el salón, donde la familia está reunida.
Exceptuando el tipo Lucas.
—Buenas noches—saludo.
—Llegas tarde.
Ladeo la cabeza y miro a la persona que lo ha dicho.
—También me da gusto verte, tío Uriel.
Este me mira con aversión.
—Deja en paz a mi hijo—sisea mi madre.
—Hermanita—replica este con una falsa sonrisa—Dejas de mimar tanto a tu hijo—niega y mira a su esposa, Gloria. Que está sentada a su lado— ¿No es eso lo que hace?
La mujer no es santa de mi devoción. Es una arpía que se abre de...